"Quizás hayan cosas que te resulten difíciles de entender. Quizás es que debas digerir en tu corazón lo que no llega a comprender la cabeza". GRIAN
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EL GENIO Y LA LAMPARA
El genio liberado de su lámpara le pregunta al pescador:
-Pide tres deseos y yo te los daré. ¿Cuál es tu primer deseo?
Tras meditarlo un rato, dice el pescador:
- Me gustaría que me hicieses lo bastante inteligente como para hacer
una elección perfecta de los otros dos deseos.
-Hecho- dijo el genio-. Y ahora ¿cuáles son tus otros dos deseos?
El pescador meditó de nuevo durante un momento, y contestó:
-Gracias. No tengo más deseos.
CUENTO SUFÍ
Somos iguales pero con diferencias...
Iguales pero con diferencias...
Como el vino...aguado, joven, crianza, reserva incluso gran reserva...
Precioso fragmento de Eduardo Galeano, acerca de nosotros,
los humanos, nuestros fuegos, o mejor dicho,
los diferentes tipos de fuego que se esparcen sobre la faz de nuestra amada Tierra.
"Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó.
Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.
El mundo es eso- reveló-.
Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento,
y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman;
pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear,
y quien se acerca, se enciende."
Eduardo Galeano "El libro de los abrazos"
Mil monedas de oro
Un hombre rico quiso repartir mil monedas de oro a los pobres, pero como no sabía a cuáles pobres debía darlas, fue en busca de un sacerdote, y le dijo:
--Deseo dar mil monedas de oro a los pobres, mas no sé a quiénes.
Tomad el dinero y distribuidlo como queráis.
El sacerdote le respondió:
--Es mucho dinero, y yo tampoco sé a quiénes darlo, porque acaso a unos daría demasiado y a otros muy poco. Decidme a cuáles pobres es preciso dar vuestro dinero y qué cantidad a cada uno.
El rico concluyó:
--Si no sabéis a quién dar este dinero, Dios lo sabrá: dadlo al primero que llegue.
En la misma parroquia vivía un hombre muy pobre, que tenía muchos hijos y que estaba enfermo y no podía trabajar. Este pobre leyó un día en los salmos: Yo fui joven y he llegado a viejo, y no he visto nunca a un justo desamparado y a sus hijos reducidos a mendigar.
Pensó el pobre:
--¡Ay de mí! Estoy abandonado de Dios, y, sin embargo, no he hecho nunca mal a nadie... Iré en busca del sacerdote y le preguntaré cómo es posible se encuentre una mentira semejante en las Escrituras.
Y salió en busca del sacerdote; y al presentarse, el sacerdote se dijo:
--Este pobre es el primero que llega: le daré las mil monedas de oro del rico.
Tomado de Cuentos escogidos de León Tolstoi.
Sinfonía de la vida...

Todo llega a su debido tiempo...
Cuidado con lo que deseamos,
porque se cumple...
Destierra cualquier pensamiento negativo,
tan sólo se alimentan de miedo,
y el miedo de desconfianza...
Confía en que nada malo pueda pasarte,
hazlo con el corazón,
la mente no se creó para confiar,
igual que el corazón no se creó para alardear...
cada cual, lo suyo...
Parece así de sencillo,
porque sencillamente lo es.
"El elefante encadenado"
Desde que escuché este cuento,
volví a intentar esas cosas,
que creí no poder hacer o lograr...
Fueron resultados maravillosos...
El patito

El santón sufí Shams-e Tabrizi cuenta acerca de sí mismo la siguiente historia:
Desde que era niño se me ha considerado un inadaptado. Nadie parecía entenderme. Mi propio padre me dijo en cierta ocasión:
— «No estás lo suficientemente loco como para encerrarte en un manicomio ni eres lo bastante introvertido como para meterte en un monasterio. No sé qué hacer contigo».
Yo le respondí:
— «Una vez pusieron un huevo de pata a que lo incubara una gallina. Cuando rompió el cascarón, el patito se puso a caminar junto a la gallina madre, hasta que llegaron a un estanque. El patito se fue derecho al agua, mientras la gallina se quedaba en la orilla cloqueando angustiadamente. Pues bien, querido padre, yo me he metido en el océano y he encontrado en él mi hogar. Pero tú no puedes echarme la culpa de haberte quedado en la orilla».
(Anthony de Mello)
*Gracias amigo Piruleta por hacerme descubrir a este maravilloso escritor
César Casal
Por casualidad encontré este escrito en un blog,es de César Casal...y, me encantó...
Hay quién me ha comentado que parece un guión de una comedia,
yo le encuentro un tono melancólico,
sobre todo desde el narrador,
como si continuara intrigado...
Se tuvieron que conocer en un accidente.
No tenían nada en común.
Él, alto. Ella, baja.
Él, sin un duro.
Ella, con su hucha de niña.
Los gustos eran tan dispares que más que gustos eran disgustos.
Si los ves juntos nunca pensarías que fueran pareja.
Él viste como si el Che Guevara siguiera vivo.
Ella como si en el mundo sólo hubiera boutiques.
Nadie daría ni un céntimo de euro por ellos.
A ella le hace un sol de risa en la boca cada dos segundos.
Él no se toma a broma ni un chiste.
Él cree que el mundo es un desastre.
A ella los conflictos planetarios le dan igual,
le interesa ser feliz de la mañana a la noche.
Él es incapaz de ir de un sitio a otro en línea recta.
Ella es especialista en recorrer las distancias más cortas.
Él cree que en el trabajo están conjurados contra su persona.
Ella es el alma de su empresa, mejor que comprar flores cada día.
A él le encanta el cine húngaro con subtítulos en croata.
A ella le van las comedias ligeras y odia los subtítulos.
Él nunca lee un libro de menos de 600 páginas, se los estudia.
A ella le encantan las revistas de la peluquería.
Nadie daba ni la hora por ellos, pero llevan años juntos.
Misterios del amor.
César Casal.
Gracias por darme tu permiso*
El principito

"A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?". Pero en cambio preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?".
Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil francos!".(...)
http://www.ieepo.gob.mx/ninos/cuentos_02b.htm
"El Anillo" Jorge Bucay

Érase una vez un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda.
-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada.
-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada.
Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto.
¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
«Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte,
ya que debo resolver primero mi propio problema.
Quizá después…».
Y, haciendo una pausa, agregó:
«Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez
y después tal vez te pueda ayudar».
-E… encantado, maestro -titubeó el joven,
-E… encantado, maestro -titubeó el joven,
sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergados.
-Bien -continuó el maestro.
-Bien -continuó el maestro.
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y,
dándoselo al muchacho, añadió:
Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado.
Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda.
Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible,
y no aceptes menos de una moneda de oro.
Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes,
que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.
Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro,
Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro,
algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo.
Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado,
que fueron más de cien, y abatido por su fracaso,
montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo-, lo siento.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo-, lo siento.
No es posible conseguir lo que me pides.
Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata,
pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-.
Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo.
Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero.
¿Quién mejor que él puede saberlo?
Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él.
Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa,
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa,
lo pesó y luego le dijo al chico:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo,
no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero-.
-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero-.
Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas,
pero si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-.
Tú eres como ese anillo:
una joya, valiosa y única.
Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto.
una joya, valiosa y única.
Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto.
¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.
El valor que posees no siempre será el que te otorguen.
Existe un potencial dentro de cada uno de nosotros,
listo para explorar...
como las cavidades de unas minas de oro o
de piedras preciosas...
de piedras preciosas...
Dejame que te cuente.
Jorge Bucay
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